Antes de aprender a leer una pista, Guillermo Aguilar A.K.A Nas. T aprendió a escuchar. Desde niño, la música ocupó un lugar constante en su vida: primero a través de The Beatles y los discos que sonaban en su casa; después mediante la guitarra, el teclado y los distintos instrumentos. Rock, metal, rap, drum and bass, ambient y música experimental formaron parte de una exploración que nunca se limitó a un solo género.

Su primer acercamiento consciente a la electrónica ocurrió al salir del colegio, durante una edición de Mysteryland. Mientras los escenarios más comerciales comenzaban a cerrar, permaneció junto a sus amigos en un espacio distinto.

La experiencia continuó tiempo después en Europa, donde pudo acercarse a la escena berlinesa y observar una relación con la electrónica mucho más accesible que la que encontraba en Chile durante esos años.

El paso definitivo se produjo casi por casualidad. De regreso en Santiago, acompañó a un amigo que quería ingresar a una academia de DJ y terminó entusiasmándose con la mezcla. Lo que comenzó como una forma de apoyar un proyecto ajeno se convirtió rápidamente en una búsqueda propia, impulsada por el descubrimiento de artistas que modificaron su manera de entender la música electrónica.

“En lo que me dedico hoy en día, Ricardo me marcó completamente. Empecé a acercarme al house, al minimal y a estos BPM después de escucharlo (The Bassqueen). Algo cambió; nunca más volví a los estilos más rápidos. Desde ahí siempre busqué más ese viaje y esa profundidad, hasta el día de hoy”, recuerda.

Con más de una década dentro de la escena y como residente de Club La Feria desde 2017, Nas.T ha construido una forma de entender la cabina basada menos en la ejecución aislada y más en la capacidad de interpretar lo que ocurre alrededor.

Para él, la selección musical, el dominio técnico y la lectura del público no funcionan como elementos separados: forman parte de una misma conversación entre el DJ, la música y la pista.

El club como una escuela

Desde 2017, Nas.T es residente de Club La Feria, una experiencia que modificó profundamente su manera de entender el oficio. En sus primeros años detrás de la cabina, la selección estaba determinada principalmente por sus propios gustos y por los artistas que iba descubriendo. Sin embargo, convertirse en DJ de club implicó aprender a responder a contextos que no siempre coincidían con su identidad musical.

Al comienzo, su lugar estuvo principalmente en el warm up. Ese horario le permitía desarrollar sonidos cercanos al house y al minimal, mientras alrededor de esa propuesta comenzaba a formarse un público. Con el tiempo, la residencia le exigió abrir para invitados con estilos diferentes y ampliar una biblioteca que hasta entonces se concentraba en un espectro más acotado.

“En un principio uno toca lo que le gusta y va abriendo su pequeño árbol musical entre los artistas que va descubriendo. Cuando entramos al club hacíamos warm up, tocábamos la música que nos gustaba y se creó todo un movimiento alrededor de eso. Pero con el tiempo el club te empieza a exigir: ya no solamente vas a tocar en fiestas que son de tu estilo, sino que tienes que abrir para artistas que hacen cosas distintas”.

Esa diversidad terminó convirtiéndose en uno de sus principales aprendizajes. La residencia no solo amplió los géneros que podía incorporar en sus sets, sino también su capacidad para comprender qué necesita cada noche. Hoy puede transitar entre el house, el techno, el tech house y el minimal, sin entender esa versatilidad como una renuncia a su identidad, sino como parte del crecimiento de un DJ.

“Ahí empiezas a aprender que el DJ tiene como principal arma hacer bailar. Para eso tienes que tener una biblioteca musical grande, y en ese sentido el club me ayudó mucho. Hoy puedo tocar house, techno, tech house o minimal, todo dependiendo del contexto. Eso te hace crecer como artista y también hace que tu espectro musical vaya cambiando. Empiezas a descubrir cosas que te gustaban y que no sabías que te gustaban”.

La experiencia en La Feria también le permitió observar de cerca a una extensa lista de invitados internacionales. Al comparar esas presentaciones con el circuito local, Nas.T identifica diferencias importantes, aunque no necesariamente relacionadas con el talento. Para él, la brecha aparece principalmente en el acceso a la música, los equipos, los estudios, las agencias y una estructura capaz de sostener el desarrollo profesional de los artistas.

Nas.T | Club la Feria

“Muchos artistas que vienen desde Europa tienen una cantidad enorme de recursos: estudios tremendos, respaldo de agencias y toda una estructura que les entrega profesionalismo. El artista local, por el contrario, es muy creativo. Muchas veces, los sets que más me han volado la cabeza han sido de DJs de acá y no necesariamente de afuera”.

Un ejemplo concreto está en el acceso a los discos. Mientras en Europa un artista puede comprar varias piezas con una misma inversión, en Chile los costos de importación reducen considerablemente las posibilidades de construir una colección. Esa diferencia también se replica en las tornamesas, las máquinas, los espacios de trabajo y las remuneraciones que ofrece el circuito.

A pesar de esas limitaciones, Nas.T considera que la calidad de los selectores nacionales logra sostenerse frente a artistas provenientes de escenas con décadas de desarrollo y una infraestructura mucho mayor.

“Siempre es difícil comparar porque acá traen a los mejores. Te estás comparando con la élite del país de donde viene ese artista, además con todos los recursos detrás. En Chile tienes a un DJ que pertenece a una escena que no siempre le permite desarrollarse completamente y, aun así, muchas veces no se nota una diferencia de nivel. La cuna de DJs que existe acá es única”.

Para Nas.T, esa fortaleza se relaciona con una escena que todavía ofrece espacio para propuestas diversas. Mientras en otros circuitos la experiencia puede quedar reducida a una búsqueda permanente de euforia, en Chile conviven fiestas orientadas a sonidos profundos, oscuros, minimalistas o ligados al house sin necesariamente acercarse a lo comercial.

“Nosotros tenemos una escena distinta. Hay fiestas para escuchar música profunda, fiestas para escuchar música oscura y fiestas de house sin que necesariamente sean comerciales. Es muy rico porque existe espacio para todos los que hacen bien su trabajo: quienes producen música, generan sus propios espacios, construyen comunidad y hacen todo un trabajo para sostener esta escena”.

Más que una residencia entendida únicamente como una serie de presentaciones, La Feria se convirtió así en un espacio de formación permanente. Un lugar donde Nas.T aprendió a ampliar su lenguaje, adaptarse a públicos diferentes y comprender que la identidad de un DJ no depende de repetir siempre el mismo sonido, sino de mantener su criterio incluso cuando cambia el contexto.

La pista tiene muchas formas de hablar

La experiencia acumulada en clubes le enseñó que un buen set no depende solo de la música que lleva un DJ, sino de su capacidad para reconocer qué necesita cada momento.

Para él, no existe una selección objetivamente superior. Cada pista responde a un contexto diferente y un mismo track puede funcionar de manera completamente distinta según el horario, el público o la energía construida durante la noche.

“Ser un buen selector no quiere decir tener la mejor música, porque eso no existe. La música es una cuestión de gustos. Para mí, el mejor selector es quien pone el track adecuado en el momento adecuado. Me puedo equivocar técnicamente durante un set, pero si el tema era el indicado, probablemente esa equivocación pase inadvertida. Por el contrario, puedes tocar técnicamente perfecto, pero si el track no tenía nada que ver con lo que estaba ocurriendo, se nota inmediatamente en cómo reacciona la gente”.

Su biblioteca continúa creciendo, aunque hoy también recupera música que permaneció guardada durante años. Canciones que no encontraban espacio cuando se dedicaba principalmente al warm up aparecen ahora en cierres y horarios diferentes. La experiencia no solo amplió su colección, sino también la cantidad de contextos en los que puede utilizarla.

Cuando una biblioteca todavía es pequeña, explica, el DJ suele concentrarse en mantener un hilo conductor entre los tracks. Con el tiempo aparece una segunda dimensión: aceptar que ese recorrido puede necesitar un cambio cuando el público comienza a entregar otras señales.

“Al principio tienes una biblioteca más pequeña y buscas principalmente el hilo conductor del set, más que mirar el contexto, porque tienes menos experiencia. Con el tiempo empiezas a darte cuenta de que hay noches en las que el set va hacia un lado y necesitas cambiarlo. La pista tiene muchas formas de hablar. Me fijo en si las personas se están mirando, si conversan, caminan o están completamente metidas en la música; si mueven los pies, los hombros o la cabeza. Incluso observo si la puerta del club se abre y se cierra muchas veces, porque puede significar que la gente está saliendo a fumar o al baño y que la música no la está cautivando en ese momento”.

Interpretar esas señales es solo el primer paso. El verdadero oficio está en comprender cómo intervenir: qué track colocar primero, cuál debe venir después y de qué manera conducir nuevamente la energía hacia el lugar que el DJ quiere construir.

Nas.T | fomo

Para conseguirlo, Nas.T considera indispensable dominar el equipamiento. Solo cuando la técnica deja de concentrar toda la atención, el DJ puede mirar hacia afuera de la cabina y observar realmente lo que ocurre en la pista. Desde ahí también construye su relación con el cuerpo: los kicks movilizan los pies, mientras los bajos impulsan las caderas, una lógica que utiliza para desarrollar gradualmente sus warm ups.

Esa apertura de la noche representa, para él, una de las pruebas más claras del criterio de un DJ. No consiste en mantener inmóvil al público, pero tampoco en agotar anticipadamente toda la energía disponible. El desafío está en generar movimiento sin pasar a llevar la progresión de la fiesta.

“El warm up habla mucho de la calidad del DJ que tienes al frente. Tocar con la pista llena también es un arte, pero puedes hacerlo más o menos y sobrevivir a la situación. El warm up lo tocas bien o lo tocas mal; el warm up más o menos no existe. Si no hizo bailar, está mal, pero también puede estar mal si pasaste a llevar el resto de la fiesta. Tienes que hacer entretenido el comienzo sin abusar de la energía de la gente”.

Para él, leer una pista no es una habilidad independiente de la técnica, la biblioteca o la sensibilidad musical, es el resultado de dominar esas herramientas.

La música no tiene que ser sobre ti

Entre las experiencias que han marcado su trayectoria, una de las más significativas ocurrió en Club der Visionaere, en Berlín. Tocar en uno de los espacios asociados históricamente al minimal representaba para Nas.T el cumplimiento de un objetivo que había imaginado durante años.

Invitado a participar en el aniversario de Groove & Flavor, debía presentarse en formato back to back junto a Francisco Martínez. Antes de su turno, uno de sus compañeros comenzó a desarrollar un set que rápidamente se transformó en uno de los mejores que Nas.T recuerda haber escuchado. Cuando llegó el horario que les correspondía, ambos entendieron que interrumpirlo habría significado anteponer su presentación al momento que estaba viviendo la pista.

“Nos tocaba tocar después y dijimos: ‘No es nuestro momento; ese es el momento de él, mira lo que está pasando’. Tan lindo como haber tocado por primera vez en el club fue ver a un amigo hacerlo así de bien ahí. Me dejó la enseñanza de que la música no tiene que ser sobre ti”.

La decisión implicó renunciar a parte de una presentación esperada durante años, pero también reflejó una idea que atraviesa su forma de entender la cabina: el DJ forma parte de una historia más amplia y no siempre debe ocupar el centro de ella. La música, el desarrollo de la noche y la conexión que se genera con el público pueden tener mayor importancia que cumplir estrictamente con un horario individual.

“Hay cosas más importantes para la historia de lo que estamos haciendo que un set tuyo. Saber el momento en el que estás parado es lo más importante, sin importar dónde estés tocando”.

Esa lectura del contexto no se limita a reconocer cuándo cambiar un track o modificar la energía de un set. También supone identificar cuándo es necesario intervenir y cuándo lo correcto es dejar que otro artista continúe construyendo lo que está ocurriendo.

En una escena donde la exposición, los horarios y los nombres suelen ocupar gran parte de la atención, aquella experiencia reafirmó para Nas.T que el oficio también exige saber dar un paso al costado. No como una renuncia, sino como una forma de respeto hacia la música, los compañeros y el momento irrepetible que puede generarse dentro de un club.

Nas.T | Groove and Flavor | Teatro C

Sides: de una casa a construir comunidad

Sides nació después de que Nas.T cerrara una etapa anterior como productor de eventos y decidiera iniciar un proyecto propio. El punto de partida fue una casa amplia, donde organizó encuentros íntimos junto a amigos y artistas cercanos.

Las primeras fechas tenían una sala semiinsonorizada, buen audio y una convocatoria reducida. La idea era sencilla: escuchar música en un espacio doméstico, lejos de la lógica tradicional de un club.

Con el tiempo, las fiestas comenzaron a crecer. Nas.T empezó a arrendar casas desocupadas antes de que fueran vendidas y las utilizaba para realizar una sola fecha. Una de esas experiencias permitió que Sides llegara a un público que ya no pertenecía únicamente a su círculo cercano.

Flyer Sides | 2024

El crecimiento también hizo más difícil sostener ese formato. Las consecuencias de organizar eventos en casas y la llegada de más personas lo llevaron a trasladar la propuesta hacia clubes y otros espacios.

“Sides fue una cosa que se fue dando. La gente que hice que me rodeara y las personas a las que les enseñé a tocar fueron apoyando el proyecto. Mis amigos trabajan en Sides y nunca vemos un peso, pero lo pasamos bien, generamos cultura y hacemos fiestas que la gente sigue comentando”.

El nombre del proyecto resume las dos dimensiones que Nas.T buscaba reunir. Side B estaba asociado al minimal, la intimidad y las fiestas por invitación. Side A, en cambio, representaba el house y su trabajo en clubes.

Cuando las fiestas en casas comenzaron a terminar, ambas ideas se fusionaron bajo el nombre de Sides. Esa mezcla también definió su propuesta artística.

“El concepto juntaba el Side B, que era minimal y estaba pensado para tocar de forma íntima en una casa, con el Side A, que era el house para tocar en clubes. Siempre buscábamos beats elegantes y no tan obvios. Uno de los objetivos fue ser un puente entre lo que más me gusta y un sonido más cercano a un público que todavía no conoce tanto la música electrónica”.

Sides no buscaba abandonar el underground. La intención era encontrar una forma de acercarlo a nuevas audiencias. Por eso, el proyecto se convirtió en un puente entre el minimal que marcó a Nas.T y una expresión más abierta del house.

La experiencia de producir fiestas en distintos lugares también cambió su forma de pensar el sonido. Para Nas.T, una locación no debe elegirse solo por su apariencia. Tampoco la cabina debe instalarse únicamente en el punto más atractivo para una fotografía.

La ubicación del DJ, la distribución de los equipos y la acústica pueden ser mucho más importantes. En ese proceso entendió que un sistema más grande no siempre entrega un mejor resultado.

“Lo que más me ha dejado enseñanzas es revisar bien el espacio y pensar cómo va a sonar la fiesta. A veces uno coloca la cabina donde se ve mejor, pero en otro punto puede hacer que toda la fiesta escuche mejor. Hay que buscar un balance, aunque para mí el audio es lo primordial”.

Sides | Secret Spot

Más que una productora orientada únicamente a llenar espacios, Sides se ha construido mediante amigos, alumnos y colaboradores. Todos comparten una manera similar de entender la música.

Esa dimensión comunitaria explica por qué Nas.T se refiere al proyecto como “su guagua”. Sides ha crecido junto a su carrera y también funciona como un espacio para materializar la cultura que busca transmitir desde la cabina y sus clases.

Quiero llorar por lo que hice

La producción musical siempre estuvo presente en el recorrido de Nas.T, aunque durante años convivió con dudas sobre su propio sonido. Recién entre finales de 2023 y 2024 comenzó a sentir que sus tracks representaban con claridad lo que quería comunicar.

Hasta entonces, muchas piezas eran pruebas que podía tocar una vez y luego dejar atrás. El cambio apareció cuando comenzó a crear música que quería incorporar de forma permanente a sus sets.

“Yo diría que a finales de 2023 o durante 2024 empecé a sacar los primeros tracks que sentía que realmente tocaría varias veces. No una vez para probarlos, sino porque me gustaba lo que generaban y la forma en que comunicaban”.

Ese proceso desembocó en su segundo lanzamiento, publicado a través de Psyfunk, sello dirigido por Franco Cinelli. La invitación tuvo un significado especial para Nas.T. Cinelli no solo era uno de sus referentes, sino también un artista al que admiraba por su recorrido y su forma de relacionarse con los demás.

Álbum Psyfunk | Nas.T | https://psyfunk.bandcamp.com/album/y-si-no-funka

La propuesta, además, no consistía en adaptar su música a una línea cerrada. Cinelli le dio libertad para construir un trabajo que expresara su propia visión. El lanzamiento debía mostrar tanto su faceta introspectiva como la versatilidad que desarrolla en el club.

“Franco me dijo que quería que hiciera un álbum para expresar lo que quisiera, no solamente lo que funcionara mejor para su sello. Eso me hizo un cambio en la cabeza, porque uno siempre es inseguro con lo que hace. Que uno de mis referentes confiara en mi música y me diera esa libertad fue muy importante”.

La noticia llegó mientras Nas.T estaba solo en su pieza y atravesaba un periodo personal complejo. Cuando recibió el audio de Cinelli, no supo si responderle de inmediato o llamar primero a sus padres. La posibilidad de publicar en el sello de uno de sus referentes convirtió una aspiración lejana en algo concreto.

“Cuando recibí el audio no sabía si responderle a Franco, llamar a mi papá o llamar a mi mamá. Era una noticia demasiado impactante porque uno trabaja con esa intención, pero nunca espera que ocurra realmente. Fue uno de los momentos más hermosos que me ha regalado la música”.

La emoción adquirió aún más peso por el momento en el que ocurrió. Nas.T atravesaba una etapa de confusión y había llegado a cuestionarse si debía dejar algunas cosas de lado o, por el contrario, dedicarse exclusivamente a la música. La confirmación del lanzamiento no resolvió todas esas dudas, pero sí le permitió observarlas desde otro lugar.

“Después de que pasó toda esa euforia pensé: si con esto se me caen las lágrimas, entonces esto es lo que quiero para mi vida. Quiero llorar así. No quiero llorar por lo que no hice, quiero llorar por lo que hice”.

Más allá del lanzamiento, la relación con Cinelli también le mostró una manera distinta de habitar la escena. Nas.T destaca su humildad, su trato humano y la calma con la que se relaciona con quienes lo rodean. Para él, esa actitud también forma parte del oficio.

A la vez, conecta con la clase de artista que busca llegar a ser. Nas.T observa con admiración a las generaciones chilenas que publicaron música alrededor del mundo y construyeron una identidad capaz de mantenerse vigente durante décadas. Su objetivo no es convertirse simplemente en un nombre más, sino producir una obra que también pueda permanecer en el tiempo.

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