Antes de convertirse en Delamaza, Lucas encontró en la música otro espacio para una inquietud que ya lo acompañaba desde joven. Durante el colegio practicó Muay Thai, tocó batería y teclado, mientras comenzaba a conocer desde dentro el mundo de los eventos trabajando en montajes y distintas labores detrás de las fiestas.

Al salir del colegio compró su primera máquina y comenzó a practicar de manera autodidacta. Sus primeras experiencias estuvieron lejos de los grandes clubes: musicalizó eventos corporativos, fiestas particulares, casas y parcelas, hasta que entre finales de 2017 y 2018 comenzaron a aparecer sus primeras oportunidades dentro de la escena underground.

“Lo entretenido era que distintos lugares te daban distintos contextos. Uno se preparaba para distintas fiestas, siempre intentando crear algo nuevo y viendo si la gente lo aceptaba o no. Ahí empecé a aprender a leer a la gente y entender en qué momentos tenía que llevarla hacia lo mío”.

Desde entonces, su recorrido lo ha llevado a escenarios que alguna vez parecieron lejanos. Sin embargo, detrás de ese crecimiento existe una búsqueda que todavía continúa: aprender, producir, enseñar y encontrar nuevas formas de desarrollar su propia identidad musical.

Delamaza | Black House

Cuando los escenarios dejaron de parecer lejanos

La llegada de Delamaza a la escena no respondió a una decisión planificada. Una invitación para tocar en Santiago Stage, un pequeño espacio de Bellavista, abrió una etapa en la que comenzaron a aparecer clubes, públicos y contextos diferentes.

Cada nueva fecha representaba una oportunidad para probar música, observar las reacciones de la pista y entender que un mismo set no funciona de la misma manera en todas partes.

Con el crecimiento llegaron también escenarios que hasta entonces parecían difíciles de imaginar. Los festivales y sus primeras presentaciones en clubes de mayor tamaño marcaron un cambio en su forma de enfrentar cada fecha. Ya no bastaba con llegar a tocar la música que le gustaba: apareció la responsabilidad de responder a una expectativa.

“Eran escenarios que no sé si los veía lejos, pero nunca creí estar ahí. Yo hacía lo que me gustaba porque me apasionaba. Me gustaba ir a tocar a las fiestas, que la gente se volviera loca y yo también estar bailando y pasándolo bien”.

Delamaza | Magik Garden 2024

Esa presión terminó convirtiéndose en método. Delamaza comenzó a dedicar más tiempo a buscar música, organizar sus carpetas y preparar distintos caminos posibles para cada presentación. Actualmente mantiene más de 5.000 tracks en sus pendrives y, antes de una fecha, selecciona alrededor de 100 que considera especialmente adecuados para ese contexto.

Sin embargo, preparar un set no significa definir anticipadamente todo lo que ocurrirá. Su selección depende del horario, el lugar y el rol que tendrá durante la noche. La biblioteca funciona como un abanico de posibilidades que después debe adaptar a lo que encuentre frente a la cabina.

“La primera vez quedé marcado por esa sensación de no fallar a la expectativa, ojalá superarla. Prepararse para eso era otra cosa. Empecé a hacerlo mucho más metódico, a invertir más tiempo en aprender música y en buscar cosas distintas”.

Ese cambio coincidió con una decisión mucho mayor. Mientras su presencia en la escena comenzaba a crecer, Delamaza se encontraba terminando una carrera universitaria que finalmente decidió no continuar. Con la música ocupando cada vez más espacio, optó por concentrar sus esfuerzos en un camino que hasta entonces había construido principalmente de forma autodidacta.

Poco después llegó la pandemia. Las fechas se detuvieron, pero el tiempo fuera de las cabinas terminó abriendo una nueva etapa: si quería apostar realmente por la música, también necesitaba aprender a crearla.

Aprender para construir un sonido propio

La pandemia interrumpió un momento en que Delamaza venía tocando con frecuencia, pero también abrió el espacio para profundizar en una inquietud que hasta entonces no había desarrollado por completo: crear su propia música. Después de decidir apostar por ese camino, comenzó un proceso de formación que abordó desde distintas áreas.

Primero llegaron los libros de teoría y armonización. Luego profundizó en Ableton, realizó cursos avanzados, estudió mezcla y mastering y buscó distintas miradas para complementar su aprendizaje. En ese recorrido pasó por profesores como Felipe Venegas y Demian Muller, entre otros, intentando resolver las dudas que aparecían a medida que avanzaba.

“Empecé a instruirme en todas las áreas donde sentía que tenía falencias. Al principio fue teoría y armonización, para entender cómo podía improvisar en la música y crear melodías sabiendo que no me estaba equivocando”.

Su experiencia previa con instrumentos también comenzó a cobrar otro sentido. Haber tocado batería y teclado le permitió comprender con mayor facilidad algunos conceptos musicales y trasladarlos a la producción. En el caso del teclado, además, encontró una forma más orgánica de trabajar melodías y MIDI.

Los primeros años estuvieron marcados por aprender herramientas y entender cómo funcionaba cada proceso. Después vino una etapa diferente: dejar de preguntarse únicamente cómo producir y comenzar a preguntarse qué quería producir.

Durante sus primeros trabajos exploró principalmente el minimal house y sonidos más experimentales. Con el tiempo, esa búsqueda comenzó a expandirse hacia distintos estilos y a convivir con una tensión habitual para cualquier productor: cuánto responder a las estructuras que funcionan dentro de determinados sellos y cuánto alejarse de ellas para construir algo propio.

“Hay como una barrera entre hacer lo que todos hacen, o hacer algo más comercial para apuntar a ciertos sellos y géneros, y el otro lado, que es hacerlo más experimental, llevarlo a lo tuyo, a lo que sientes, a las fusiones de distintos géneros que utilizas”.

Hoy esa tensión pesa menos. Después de años concentrado en adquirir herramientas, Delamaza asegura sentirse más libre para experimentar con ellas. Su producción se mueve entre distintas expresiones del minimal, el tech house y sonidos más difíciles de encasillar, dependiendo de la idea que quiera desarrollar.

“Hoy en día me siento más relajado en ese sentido. Hago lo que a mí me gusta, estoy intentando buscar siempre cosas nuevas, sonidos nuevos”.

Esa búsqueda todavía está en movimiento. Más que entender la formación como una etapa que terminó cuando comenzó a publicar música, Delamaza la incorporó como parte permanente de su proceso. Y esa relación con el aprendizaje terminaría tomando una nueva dimensión cuando pasó desde estar frente a un profesor a ocupar él mismo ese lugar.

Delamaza | Candelaria

Enseñar también es seguir aprendiendo

Después de años como alumno, Delamaza comenzó a ocupar el otro lado de la sala. Hoy enseña a nuevos DJs y esa experiencia, lejos de cerrar su etapa de formación, lo obligó a entender con mayor profundidad herramientas que antes podía ejecutar de manera intuitiva.

Delamaza | Casa Sonido 2026

Explicar una mezcla, una decisión técnica o la lectura de una pista requiere comprender por qué funciona. La docencia lo llevó a desarrollar nuevas metodologías y a investigar aspectos que antes no necesariamente cuestionaba, desde el funcionamiento del oído hasta la psicología detrás de una pista de baile.

“Más que replanteármelo, enseñar me ayudó a crear una nueva metodología, una forma de trabajar y de analizar las cosas. Para poder enseñarlo tienes que entender muy bien qué estás haciendo. Ahí empecé a estudiar de una manera distinta”.

Entre sus alumnos encuentra perfiles muy diferentes. Algunos llegan con la intención de profesionalizarse, mientras otros ni siquiera imaginan tocar fuera de una reunión con amigos. Para Delamaza, una parte importante del proceso consiste en entregarles las herramientas necesarias para que ganen confianza, acumulen horas de práctica y descubran qué pueden generar por cuenta propia.

Ese proceso también plantea una pregunta inevitable: ¿cómo enseñar una forma de tocar sin terminar creando DJs que suenen igual a quien les enseña? Para Delamaza, la respuesta está en no entregar una identidad, sino las herramientas necesarias para que cada alumno construya la suya.

“No tengo miedo a dar las herramientas para que aprendan, porque yo también siempre estoy aprendiendo y haciendo cosas nuevas. Probablemente te puedo estar enseñando hoy día y mañana ya te voy a enseñar otra cosa”.

Esa lógica se extiende también a la producción. Delamaza reconoce que dentro de la música puede existir cierto recelo al momento de compartir técnicas, métodos o pequeños recursos que cada artista ha desarrollado con los años. Sin embargo, considera que hoy gran parte de esas herramientas están disponibles para cualquiera que quiera buscarlas.

Por eso, su diferencial no está en esconder cómo hace las cosas, sino en continuar evolucionando después de enseñarlas.

“No me preocupa que la gente aprenda las técnicas, los tips o esas pequeñas cosas que efectivamente hacen una diferencia en un buen set o en un buen track. Todavía estoy aprendiendo, sigo ejecutando y aprendiendo. La música es infinita, entonces siempre estoy intentando buscar algo mejor”.

La dualidad entre alumno y profesor termina siendo menos contradictoria de lo que parece. Enseñar le permite ordenar lo aprendido, cuestionar sus propios procesos y volver sobre conocimientos que daba por sentados. Al mismo tiempo, seguir estudiando evita que aquello que transmite se convierta en una fórmula estática.

En Delamaza, ambas facetas terminan alimentándose entre sí: enseñar exige comprender y comprender abre nuevas preguntas.

Delamaza | Misa

Encontrar un sonido propio y aprender a soltarlo

Después de varios años produciendo, el sonido de Delamaza se encuentra lejos de sus primeros trabajos. Sus inicios estuvieron ligados a un minimal house más suave y experimental, una etapa que hoy reconoce como importante para aprender a construir texturas, melodías y atmósferas que posteriormente pudo trasladar hacia otros estilos.

Con el tiempo también comenzó a entender una dimensión que va más allá del proceso creativo: hacer música propia no significa ignorar el contexto en el que esa música será publicada y escuchada. Encontrar el equilibrio entre identidad y mercado se convirtió en otra parte de su aprendizaje.

Hoy sus producciones recorren distintos puntos entre el minimal y el tech house. Esa amplitud responde a una búsqueda que todavía está en desarrollo y que no necesariamente pretende terminar en un único sonido reconocible. Para Delamaza, lo importante está en mantener una identidad incluso cuando cambia el género o el contexto.

Esa conexión aparece de una manera bastante sencilla cuando trabaja en el estudio. Antes que cualquier análisis técnico, existe una reacción física que le permite reconocer cuándo una idea comienza a funcionar.

“Cuando ya agarro una cama sólida, me pongo a bailar. Ahí digo: ‘Ya, sé que el tema tiene algo, sé que va a funcionar’, porque yo la estoy pasando bien y estoy bailando. ¿Por qué la gente no lo haría?”.

Encontrar esa idea, sin embargo, no significa que el trabajo termine. Una de las dificultades que ha enfrentado como productor ha sido determinar cuándo dejar de modificar un track. Siempre existe una mezcla que ajustar, un elemento que reemplazar o una nueva decisión que podría mejorar el resultado.

Con los años entendió que esa búsqueda por perfeccionar también puede jugar en contra. Volver sobre una producción meses después implica hacerlo desde otro estado, con nuevas referencias y una energía diferente a la que dio origen al track.

“Siempre hay algo que hacer, pero también he aprendido que si uno deja mucho tiempo los tracks y después empieza a cambiar cosas, la energía y los pensamientos son distintos a los que tenía antes. Hay cosas que antes decía que les faltaba poco y al final no les meto nada: hago la mezcla y las termino. También aprendí a soltar eso”.

Aprender a terminar también significó empezar a acumular música lista para salir. Delamaza asegura tener varias colaboraciones avanzadas y alrededor de seis propuestas de EP, además de nuevos lanzamientos.

El siguiente paso será comenzar a mover ese material hacia los sellos que realmente le interesan.

La música es la que cruza fronteras

Después de años concentrado en desarrollar herramientas, encontrar un sonido propio y acumular nuevas producciones, Delamaza tiene claro cuál quiere que sea su próximo paso: llevar su música fuera de Chile. España aparece como el punto de partida de una nueva etapa que espera construir tanto desde los lanzamientos como desde las conexiones que pueda generar estando allá.

Delamaza | El Tebo

La obtención de su ciudadanía española abrió una posibilidad que hasta hace poco parecía más distante. Su intención es instalarse en España y aprovechar ese escenario para acercarse a sellos, artistas y estudios que forman parte del circuito en el que busca insertar sus próximas producciones.

“Me voy a España. Saqué la ciudadanía hace poco y ahora estoy esperando que me llegue. En ese proceso quiero empezar a sacar música para España, porque sé que desde allá voy a poder llegar y ocupar esos links también”.

Por eso, su estrategia para los próximos meses será comenzar a enviar el material que ha acumulado y apuntar primero hacia los sellos que realmente le interesan. Si una producción no encuentra espacio ahí, la idea será reconsiderar su destino antes de simplemente publicarla.

“Quiero ahora empezar a sacar algo afuera. Estoy viviendo en Chile, entonces con eso… sacar música para afuera de Chile es sí o sí. Las productoras no te van a sacar de Chile; la música cruza fronteras”.

Esa búsqueda internacional convive con una mirada optimista sobre lo que está ocurriendo dentro del país. Como profesor y DJ, Delamaza mantiene contacto con artistas que recién comienzan y observa una generación que cuenta con más herramientas, recursos y posibilidades de conectarse entre sí.

A su juicio, una de las principales diferencias con etapas anteriores está precisamente en esa relación. Las divisiones entre estilos se han vuelto menos rígidas y artistas provenientes de distintos espacios comienzan a compartir, colaborar y construir proyectos juntos con mayor naturalidad.

“Hoy en día siento que está mucho más abierto. Por más que antes estaba segmentado en estilos y cosas, hoy está mucho más mezclado, interactúa mucho más y hay mucha más colaboración”.

En ese escenario, Delamaza también prepara su propio movimiento. España representa una oportunidad para ampliar su carrera, pero el camino que lo lleva hasta ahí mantiene la misma lógica que aparece desde sus primeros años: probar, estudiar, equivocarse y volver a buscar.

Después de pasar de alumno a profesor y de DJ autodidacta a productor, su próximo desafío no consiste solamente en cruzar una frontera, sino en comprobar hasta dónde puede llegar la música que lleva años construyendo desde Chile.

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